
Todo el mundo tiene algo que decir. Todos somos creadores o críticos, espectadores o ejecutantes. El problema de la falta de apoyo a la cultura no reside en el desinterés de la población, ni en la carencia de personajes talentosos, ni en la falta de apoyo gubernamental, ni en los sistemas de educación. El problema tiene origen en lo limitado de las plataformas de convergencia entre creador y crítico, entre público y artista. Esta retroalimentación es el eje central de la producción artística en cualquiera de sus ramas.
De manera personal, veo en Comagon una plataforma de convergencia, un punto de reunión, un encuentro cultural, de intercambio de opiniones, un roce transcultural, un punto de difusión y de encuentro, aunque esta visión apenas ha podido ser rosada por los eventos que residen en Guadalajara.
En definitiva nos falta mucho camino que recorrer dentro del mundo de las “convenciones”, “expos”, o como sea que gusten llamarles. No se puede reducir un evento a un sector tan limitado de la cultura como el anime, el manga o la cultura japonesa. Como muchas personas de esta ciudad, disfruto mucho viendo una buena serie o leyendo un buen manga. Me encanta Afro Samurai, llore con Saikano, crecí con Dragon Ball, me encanta el sushi, las artes marciales, no soy ajeno a las manifestaciones del tipo “Otaku”. Pero ni todas las series del mundo, ni todos los mangas, ni todas las artes marciales se acercan un poco a la riqueza cultural que existe solo en nuestro país.
Veo a Comagon como un punto de encuentro para que las personas inmersas en el ambiente oriental den una mirada más allá de sus propios horizontes y experimenten con otras ramas culturales.
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